
¿Cómo estas Diego? Me tomo el atrevimiento de tutearte para hacer más amenas estas líneas que te escribo y entiendas que el mensaje es puramente constructivo por el aprecio que supiste ganar al darle tantas alegrías deportivas al pueblo argentino.
Me llaman la atención algunas de tus actitudes que denotan cierta contradicción en tu actuar. Hace unos días te veo declarar en la televisión - en relación a la trágica situación que vive por estos días Fernando Cáceres - que "en este país no se puede vivir más con la inseguridad que estamos viviendo" y que "el gobierno tendría que estar más involucrado en estos temas". Estas palabras me dan la pauta de que es muy difícil encontrar un hilo conductor en tu discurso cuando me pongo a pensar que semanas atrás estabas abrazado con la cúpula presidencial porque habían conseguido el Fútbol gratis para todos.
Este pequeño ejemplo, creo, describe de alguna manera tu particular accionar a lo largo de tu vida. El pibe que salió de Villa Fiorito y logró cumplir sus sueño - y el de muchos argentinos - cuando alzaste la Copa del Mundo, allá por 1986. Ese mismo joven que en aquel momento era considerado el jugador más extraordinario de la historia pero que paradójicamente tomó el camino menos recomendado y se inclinó por las drogas y la mala yunta. En alguna ocasión escuché: "Imaginate que gran jugador hubiera sido si no me hubiera drogado", dicho con tus propias palabras - con tu típico estilo de hablar en tercera persona -.
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